Seguimos con DH....
Es una de las historias cortas que te van introduciendo poco a poco a las diferentes ramas de especies que hay en la saga. existen los Dark Hunters, los Were Hunters y los Dream Hunters, que conocerán en otros libros, ademas de muchoooos mas demonios, humanos, Dioses y de todo se encontraran ahí.
Si a ustedes, les gusta leer sobre la época Medieval y los Dragones... han encontrado su libro.
Saga Dark Hunters 03 DragonSwan por Sherrilyn Kenyon
"...–¿Te
gustaría acompañarme con una bebida? –le preguntó.
Ella
pareció sorprendida con su pregunta. Pero parecía ser el efecto que él tenía en
ella. Estaba nerviosa, un poco asustada, y él quería hacerla sentir a gusto.
–No
salgo con gente que no conozco.
–Como
podrás llegar a conocerme a menos que…
–Realmente
Sr. Kat…
–Sebastian.
Ella
sacudió su cabeza.
–Eres
persistente, No?
Ella no
tenía idea.
Reprimiendo
al depredador dentro de él, Sebastian puso sus manos en los bolsillos para
evitar tomarla y asustarla.
–Siento
que es algo arraigado en mi. Cuando veo algo que quiero, voy tras ello.
Ella
arqueó una ceja, y lo miró suspicazmente.
–¿Por
que diablos querrías hablar conmigo?
Él
estaba consternado por su pregunta.
–Milady,
¿no tienes un espejo?
–Sí,
pero no es uno encantado. –Ella se volvió y comenzó a irse.
Moviéndose
con la increíble velocidad de su especie, tiró de ella para detenerla.
–Mira
Channon, –dijo cortésmente–. Temo que he echado a perder esto. Yo solo… –se
detuvo y trató de pensar la mejor forma de estar con ella un tiempo más.
Ella
miró a su mano, que todavía aferraba su codo. De mala gana la soltó, aun cuando
toda su alma le gritaba que la mantuviera a su lado sin tener en cuenta las
consecuencias. Ella era una mujer con una mente propia. Y la primera ley de su gente pasó por su
cabeza: Nada de lo
que una mujer concede vale la pena a menos que lo conceda por su propia voluntad.
Era la
única ley que nunca había roto.
–¿Tú
qué? –preguntó ella suavemente.
Sebastian
respiró profundamente mientras peleaba con el animal que tenía adentro, que la
deseaba independientemente de la razón y las leyes, la parte de él que gruñía
con una necesidad tan feroz que lo asustó.
Forzó
una sonrisa encantadora.
–Tú
pareces ser una excelente persona, y hay tan pocos como tú en este mundo que a
mí me gustaría pasar algunos pocos minutos contigo. Tal vez un poco de ello podría
desaparecer.
Channon
se rió a pesar de sí misma.
–¡Ah!
–bromeó él–, entonces puedes sonreír.
–Puedo
sonreír.
–¿Vendrías
conmigo? –le preguntó–. Hay un restaurante en la esquina. Podemos caminar hasta
allá a la vista de todo el mundo. Te prometo no morderte a menos que tú me lo
pidas.
Channon
frunció el entrecejo, a él y a su raro sentido del humor. ¿Qué es lo que lo
hacía tan irresistible? No era natural.
–No sé
si puedo...
–Mira,
te juro que no soy un psicótico. Excéntrico e idiosincrásico pero no psicótico.
Ella
aun no estaba completamente segura respecto a eso.
–Apuesto
que las prisiones están llenas de hombres que les dijeron eso a las mujeres.
–Yo nunca
lastimaría a una mujer, menos a ti.
Había tanta sinceridad en su voz, que ella le
creyó. Más que convencida, ella no sentía ninguna advertencia interior, ninguna
vocecita en su cabeza diciéndole que corriera.
En cambio
sentía una peculiar serenidad en su presencia, como si ella debiera estar con
él.
–¿Por
esta calle?.
–Sí.
–Él le ofreció su brazo–. Vamos, prometo que voy a mantener mis colmillos escondidos,
y el control mental para mí mismo.
Channon
nunca había hecho algo así en su vida. Ella era una mujer que debía conocer a
un hombre por un largo tiempo antes de considerar una salida.
Pero se
encontró colocándose el saco y apoyando su mano en su brazo, donde sintió un
músculo tan tenso y bien formado que envió una descarga a través de ella.
Por la
sensación de ese brazo, ella podía decir que su elegante traje y sobretodo
escondían un cuerpo increíble.
–Pareces
tan diferente –dijo ella mientras salían de la habitación–. Algo de ti es muy
del Viejo Mundo.
Él
abrió la puerta de vidrio que llevaba al vestíbulo del museo.
–Viejo
es la palabra clave.
–Y aún
así, eres bien moderno.
–Un
hombre renacentista atrapado entre culturas.
–¿Eso
es lo que eres?
Él le
echó una divertida mirada de soslayo.
–¿Honestamente?
–Sí.
–Soy un
mata-dragones..."
Las historias de Kenyon carecen de prólogos, así que ahí esta un fragmento n.n
¡¡¡Disfrútenlo!!!!
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