miércoles, 16 de octubre de 2013

RDL: Saga Dark Hunters 03 DragonSwan por Sherrilyn Kenyon

Hola a todos:D espero que estén bien, yo en lo personal, debería estar haciendo mi tarea, pero qui me tienen e_e
Seguimos con DH....

Es una de las historias cortas que te van introduciendo poco a poco a las diferentes ramas de especies que hay en la saga. existen los Dark Hunters, los Were Hunters y los Dream Hunters, que conocerán en otros libros, ademas de muchoooos mas demonios, humanos, Dioses y de todo se encontraran ahí.
 Si a ustedes, les gusta leer sobre la época Medieval y los Dragones... han encontrado su libro.

Saga Dark Hunters 03 DragonSwan por Sherrilyn Kenyon

"...–¿Te gustaría acompañarme con una bebida? –le preguntó.
Ella pareció sorprendida con su pregunta. Pero parecía ser el efecto que él tenía en ella. Estaba nerviosa, un poco asustada, y él quería hacerla sentir a gusto.
–No salgo con gente que no conozco.
–Como podrás llegar a conocerme a menos que…
–Realmente Sr. Kat…
–Sebastian.
Ella sacudió su cabeza.
–Eres persistente, No?
Ella no tenía idea.
Reprimiendo al depredador dentro de él, Sebastian puso sus manos en los bolsillos para evitar tomarla y asustarla.
–Siento que es algo arraigado en mi. Cuando veo algo que quiero, voy tras ello.
Ella arqueó una ceja, y lo miró suspicazmente.
–¿Por que diablos querrías hablar conmigo?
Él estaba consternado por su pregunta.
–Milady, ¿no tienes un espejo?
–Sí, pero no es uno encantado. –Ella se volvió y comenzó a irse.
Moviéndose con la increíble velocidad de su especie, tiró de ella para detenerla.
–Mira Channon, –dijo cortésmente–. Temo que he echado a perder esto. Yo solo… –se detuvo y trató de pensar la mejor forma de estar con ella un tiempo más.
Ella miró a su mano, que todavía aferraba su codo. De mala gana la soltó, aun cuando toda su alma le gritaba que la mantuviera a su lado sin tener en cuenta las consecuencias. Ella era una mujer con una mente propia.  Y la primera ley de su gente pasó por su cabeza: Nada de lo que una mujer concede vale la pena a menos que lo conceda por su propia voluntad.
Era la única ley que nunca había roto.
–¿Tú qué? –preguntó ella suavemente.
Sebastian respiró profundamente mientras peleaba con el animal que tenía adentro, que la deseaba independientemente de la razón y las leyes, la parte de él que gruñía con una necesidad tan feroz que lo asustó.
Forzó una sonrisa encantadora.
–Tú pareces ser una excelente persona, y hay tan pocos como tú en este mundo que a mí me gustaría pasar algunos pocos minutos contigo. Tal vez un poco de ello podría desaparecer.
Channon se rió a pesar de sí misma.
–¡Ah! –bromeó él–, entonces puedes sonreír.
–Puedo sonreír.
–¿Vendrías conmigo? –le preguntó–. Hay un restaurante en la esquina. Podemos caminar hasta allá a la vista de todo el mundo. Te prometo no morderte a menos que tú me lo pidas.
Channon frunció el entrecejo, a él y a su raro sentido del humor. ¿Qué es lo que lo hacía tan irresistible? No era natural.
–No sé si puedo...
–Mira, te juro que no soy un psicótico. Excéntrico e idiosincrásico pero no psicótico.
Ella aun no estaba completamente segura respecto a eso.
–Apuesto que las prisiones están llenas de hombres que les dijeron eso a las mujeres.
–Yo nunca lastimaría a una mujer, menos a ti.
Había tanta sinceridad en su voz, que ella le creyó. Más que convencida, ella no sentía ninguna advertencia interior, ninguna vocecita en su cabeza diciéndole que corriera.
En cambio sentía una peculiar serenidad en su presencia, como si ella debiera estar con él.
–¿Por esta calle?.
–Sí. –Él le ofreció su brazo–. Vamos, prometo que voy a mantener mis colmillos escondidos, y el control mental para mí mismo.
Channon nunca había hecho algo así en su vida. Ella era una mujer que debía conocer a un hombre por un largo tiempo antes de considerar una salida.
Pero se encontró colocándose el saco y apoyando su mano en su brazo, donde sintió un músculo tan tenso y bien formado que envió una descarga a través de ella.
Por la sensación de ese brazo, ella podía decir que su elegante traje y sobretodo escondían un cuerpo increíble.
–Pareces tan diferente –dijo ella mientras salían de la habitación–. Algo de ti es muy del Viejo Mundo.
Él abrió la puerta de vidrio que llevaba al vestíbulo del museo.
Viejo es la palabra clave.
–Y aún así, eres bien moderno.
–Un hombre renacentista atrapado entre culturas.
–¿Eso es lo que eres?
Él le echó una divertida mirada de soslayo.
–¿Honestamente?
–Sí.

–Soy un mata-dragones..."


Las historias de Kenyon carecen de prólogos, así que ahí esta un fragmento n.n
¡¡¡Disfrútenlo!!!!

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