De nuevo vengo aquí con una historia vieja, pues con el pretexto que me da el blog, me puse a escarbar entre los archivos viejos de mi computadora. Recordé esta historia, pero no la encontré dentro de mis archivos. Y en un momento de iluminación divina, use el buscador de google y la encontré en mi vieja cuenta de Potterfics.com (Aun estoy sorprendido).
Es una historia que escribí hace años, de las primeras. Cuando atravesaba la etapa de mi vicio por Caballow.com, pues para quienes no lo sepan, tengo una pequeña (enorme) obcecion por los caballos. Caballow es una pagina de internet, donde te creas una cuenta y comienzas a criar caballos virtuales. Algo así como un Tamagochi, pero de caballos xD
Allí fue donde comencé a escribir, en los foros y para mis amigos. Obviamente eran historias sobre temática equina, después quise que mas personas conocieran mis alucinaciones y abrí la cuenta en Potterfics, pero me desilusione porque muy pocos me leían (Ahora creo que es por la horrorosa ortografía. Espero ahora haber mejorado). Así que les traje este cuento, muy especial para mi. Lo escribí para una amiga y ahora lo corregí y extendí un poco (bueno mucho) y si les gusta y me lo piden, pongo los otros. Espero la disfruten.
***
Arya y el Alicornio.
Hace muchas eras en lo profundo del bosque, dentro de una
cabaña construida en el centro de un tronco de árbol, Arya una joven elfo,
hablaba con su abuelo:
-Abuelo ayer escuche a alguien mencionar un Alicornio. ¿Qué es un alicornio?
El abuelo (Que se veía tan joven como un muchacho, pues ellos nunca
envejecían.) Sonrió a su nieta, con tan solo unos años, ya tan joven y curiosa.
Le acaricio la mejilla y le acomodo un mechón de cabello rubio detrás de su
oreja, observo el paisaje por la ventana y después respondió.
-Oh querida, el alicornio es una criatura maravillosa, Tiene la apariencia de
un caballo noble, Alado y con un enorme cuerno en su frente. Solo se muestra a
las criaturas más puras de corazón, en los momentos de peligro. En ocasiones
regala algún don. También se rumora que son inmortales y el ultimo en haberlo
visto fue Drain el guerrero que mato al dragón malvado Rednian hace 3000 años
nadie lo ha vuelto a ver. Arya observaba impresionada a su abuelo, imaginando a
tan mágica criatura, y como seria encontrarse con él. –abuelo, desearía poder verlo alguna vez.
Dijo la pequeña niña con emoción. Su abuelo la tomo en brazos y haciéndole
cosquillas en la barriga le dijo: Tal vez si puedas, si eres una niña de buen corazón.
Y así paso el tiempo, Arya cumplió 13 años y seguía esforzándose por ser una buena chica. Un día su padre le dio un remedio y la envió con su tía (que estaba muy enferma), que vivía en una aldea cercana. Le dijo que se apresurara y tuviera cuidado. Porque un dragón estaba rondando por la comarca, lo habían visto en pueblos vecinos y mucha gente estaba desaparecida.
Horas después, Arya caminaba aprisa por entre los árboles, cuando el sol comenzaba a ponerse. Su luz se tornaba verdosa al pasar entre las hojas de los árboles. Estaba cantando una canción muy bajita, solo para sí misma. Cuando escucho el sonido más terrorífico de toda su vida: El rugido del dragón. Sonó metálico y agudo, pero tan fuerte que le lastimo los oídos. Jamás lo había escuchado pero tantas veces lo describieron en las historias, que no tenía duda. Solo a una criatura enorme podría pertenecer ese sonido. No espero a verlo por sí misma, corrió con todas sus fuerzas.
Aterrizo frente a ella a una decena de metros de distancia. Era enorme como una casa, su piel roja destellaba con la luz, igual que si fuera una joya. Sus garras negras y brillantes como obsidiana arañaban el suelo de roca con facilidad. Sus ojos eran rojo ardiente, como ascuas en una fogata. Tenía una mirada fiera y salvaje, llena del más profundo odio. Arya sabía que era su última hora, su corazón latía desenfrenado, todo su cuerpo temblaba. Cerró los ojos y con un leve susurro, se encomendó a la Madre Tierra, pidiéndole que la recibiera en su mansión de jade.
De pronto, un relincho que sonó musical rasgo el aire y le hizo abrir los ojos. Un enorme caballo alado aterrizo frente a ella de cara al dragón, con sus alas blancas extendidas en todo su esplendor. El dragón le lanzo un rugido retumbante y aterrador, al tiempo que se preparaba para atacar. Fue entonces que Arya se percató de que el caballo alado, tenía un cuerno con forma de espiral en la frente. Pues comenzó a brillar con una luz verde claro. El dragón salto sobre el Alicornio y al mismo tiempo, los arboles del bosque cobraron vida. Lanzaron sus ramas tras el dragón y lo apresaron en pleno salto,
Arya, que había estado observando la escena horrorizada. Se percató de que su salvador estaba en peligro, ¡debía ayudarle! Fue entonces cuando recordó sus clases de magia. Desesperada observo a su alrededor, buscando un medio de salvación para su defensor y para ella. Vio una gran roca al lado de ella y tuvo una idea. Dudo un momento, el precio a pagar podría ser muy alto. Pues la primera regla de la magia era que, los hechizos consumen la misma energía que una acción normal. Por lo tanto, mover la piedra con magia, la dejaría tan agotada como hacerlo con sus propias manos. Podría ser demasiado, aun así no le importo. Cerro sus ojos, recordó las palabras y entono el hechizo en forma de un suave cantico. La piedra se elevó en el aire y de forma brusca, como si un gigante invisible la hubiera golpeado con su pie, se lanzó contra la cabeza del dragón. El golpe se percibió con un horrendo crujido. Y el dragón cayó al suelo inconsciente, el Alicornio liberó su cuello con una sacudida. La vista de Arya se tornó borrosa, ella supo que el coste de su acción habia sido demasiado alto y se desmayó antes de poder ser consiente de nada más.
El alicornio se levantó del suelo, sacudió sus alas una vez y las plegó sobre sus costados. Hizo brillar su cuerno con una luz dorada y sus heridas sanaron al instante. Sacudió su cabeza, agitando sus crines a ambos lados de su cuello, se volvió hacia la niña elfo. La que olvidándose de ella misma y despreciando su seguridad, le ayudo. Esa misma niña de corazón puro, y alma inocente que se había ganado su Don y su agradecimiento. Se acercó a ella con pasos lentos y delicados, cuando estuvo sobre ella, agacho su cabeza a centímetros de la suya. La chica agonizaba, apenas un hilo de energía, de vida. Le mantenía su corazón en marcha. Entonces resoplo sobre su rostro, devolviéndole así su fuerza. Arya abrió los ojos, por un instante creyéndose muerta y en la mansión de la Madre Tierra, hasta que se topó con dos enorme ollares de caballo sobre su rostro. Una risa clara salió de su garganta y sujeto el enorme hocico de caballo entre sus manos. El alicornio retrocedió unos pasos dejándole espacio, Arya se incorporó observando a su salvador sin despegarle sus ojos un segundo. Temía que desapareciera de pronto.
Ambas criaturas se miraron largamente, sin proferir sonido alguno. Hasta que el
divino caballo se acercó a ella, sus pasos no causaban ningún ruido, como si
flotara en el suelo sin tocarlo. Cuando estuvo frente a ella, noto su enorme
tamaño, podría fácilmente caminar bajo su vientre sin agacharse siquiera, sus
alas extendidas serían más anchas incluso que su cabaña, sus cascos parecían de
oro del mismo modo que su pelambre, salvo sus patas que relucían negras como la
noche, al igual que sus crines y cola. Su cuerno en espiral era blanco y parecía tener
un leve brillo. El alicornio toco su frente con la nariz, entonces Arya escucho
una voz en su mente. Era suave y ligera, le recordaba el rumor del viento sobre
los acantilados, y aun así era imposible identificarle edad alguna, era etérea.
-Arya, mi pequeña maga. Dulce salvadora de corazón de oro. Demostraste ser digna portadora del obsequio de los héroes, tal como supe, desde el día que la Madre Tierra te trajo al mundo. Extiende tu mano…-
Ella alzo su mano derecha, y el Alicornio le toco en el centro de su palma, con la punta de su cuerno. Una luz plateada surgió y un cálido hormigueo subió por su brazo. Cuando la luz se apagó, el alicornio retiro su cuerno. Arya observo su mano, la luz plateada se había quedado en ella, brillando palpitante igual que carbones encendidos. Se desvanecía lentamente, dejando una hermosa estrella de 7 puntas, impresa en su palma. Alzo los ojos hacia su benefactor, muda de asombro. El alicornio dio media vuelta, la miro una vez más y de pronto se lanzó al galope, extendió las alas y levanto el vuelo. La chica observo maravillada como se alejaba y cuando ya no pudo verle, suspiro.
Arya se volvió al dragón herido, que seguía en el suelo. Su cabeza yacía al lado de la piedra que ella había arrojado. A su alrededor, crecía un charco de sangre roja que parecía brillar, al tiempo que hacia arder el suelo. Sintió pena por él, se acercó, y un ardor surgió en su palma, al tiempo que sentía como si una extraña fuerza, jalara de su mano en dirección a la herida. Así que puso su mano sobre ella. Entonces fue como si el calor de su cuerpo se concentrara en la estrella y fluyera hacia el dragón. La herida comenzó a cerrarse, curándose a una velocidad inimaginable. La criatura abrió sus ojos, se incorporó y miro al elfo fijamente. La intensidad del escrutinio, hicieron temer a Arya por su vida. Por un instante se preguntó, si habría cometido un error al devolverle la vida, al que minutos antes intento matarla. Entonces el dragón bajo la cabeza, soplo sobre ella su aliento caliente (sin fuego) y se marchó. Igual que antes había hecho el alicornio. Resaltando su silueta, volando hacia el sol que se hundía en el horizonte. Arya supo entonces, que el mal de su alma también había sido sanado.
Regreso a su hogar, aun recordando su aventura. Emocionada, corrió a casa de su abuelo, para contarle el milagro. El la escucho sin pestañear y después la abrazo con fuerza, felicitándola por su valor y su bondad. Días después, Arya fue donde su tía enferma, la toco y le devolvió la salud. Desde ese día su fama comenzó a crecer, desde todos los lugares imaginables venían a pedir su auxilio. Ella usaba su don sin presunción y llena de humildad. Dedicando su vida a curar males del cuerpo y el alma.
Y Siempre que alguien le preguntaba ¿Cómo obtuviste tu don?
Ella con una sonrisa respondía: “Cuando crees en las leyendas, y tienes buen corazón.
Los milagros vienen a ti" Y después les contaba su aventura con el dragón,
como el Alicornio le había salvado, ella a él y como en agradecimiento, le había
obsequiado una estrella de plata.
Fin.
***
Seria para mi un honor que me dejaran sus comentario aquí abajo. Y si les gusto las historia les agradecería mucho que la compartieran con sus amigos, conocidos, compañeros, familiares, el vecino de enfrente que les cae mal, etc.
Sin mas que decir, se despide de ustedes...
Sin mas que decir, se despide de ustedes...
Alec "El Tigre" Vulturi.
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