sábado, 12 de octubre de 2013

HP: El libro en la banca.

            Ovejas mías, arrancamos con todas las ganas, la energía y le emoción que siempre traen los nuevos proyectos. Pero aun recordando el pasado y que esto es el resultado del mismo. Es por eso que, como mi primera historia propia pondré esta, con la cual gane un concurso. 

   Es una historia muy personal y no tan fantástica como las que acostumbro escribir. Es bastante simple pero aun así, espero que les guste.

 ***

El libro en la banca.


   Caminaba lentamente, sumido en mis pensamientos. El sol brillaba intensamente, dando una apariencia de vida y alegría a mi vida, que a mí me resultaba odiosa en ese momento. Era completamente contrario a mis sentimientos. Cada paso que daba, estaba teñido de ira y desesperación, tristeza y odio…
       
   Todo era culpa de “El”. El y su maldito beso, que me habían puesto el mundo de cabeza. Su maldito beso, que yo había disfrutado, que me resulto más dulce y hermoso, que todos los besos que había experimentado hasta ese día… Un beso de un hombre.
      
   El parque “Agua Azul” estaba exultante de vida, con su verdor intenso en los árboles y el césped. Pájaros y avecillas celebrando el verano con sus potentes voces melodiosas. Lleno de alegría, rebosante de felicidad. El mundo seguía girando mientras yo, estaba estático y paralizado en mi confusión. 
   Estaba allí porque necesitaba pensar. Necesitaba un lugar donde juzgarme. Un momento para descubrir: que rayos pasaba con mi vida. Un Chico que había besado. Y yo en lugar de apartarlo de un golpe, había continuado su beso con placer y entusiasmo. Hasta que recordé que era un hombre al que besaba y yo también lo era. Por lo cual, eso no debía de pasar, no debía de gustarme. Nunca debí permitirlo. Yo no era gay ¿Cierto? Había estado con chicas, muchas chicas… y me había gustado. Eso decía que no podía ser gay ¿verdad? Además eso era pecaminoso, enfermo, desviado, loco, abominable… Y más cosas denigrantes, que mi madre me había repetido hasta el infinito. Mis propios miedos luchaban contra mis convicciones. Un temor corrosivo llenaba mi alma, estaba perdido en una situación, en la que nunca había estado. Confundido por algo que nunca me había cuestionado. ¿Porque ahora? ¿Qué dirían mis padres? O Peor: ¿Qué harían al saberlo? Mi cuerpo tuvo un temblor involuntario al imaginarlo. Ellos no lo tolerarían, ni siquiera intentarían comprenderlo. 
   Sin poder más, me senté en una banca al borde del camino y cruce los pies y los brazos, como reflejo de los nudos en mi interior. Una risa clara me hizo parpadear. Levante mi mirada y una quinceañera con un vestido verde agua paso como una exhalación. Seguida de sus padres aparentemente estresados y un fotógrafo más aún. El parque era un lugar popular para las chicas, como set de fotografía para sus festejos y era un placer que compartía con mis amigas, el venir a reírnos de sus ridículas poses y molestar a los fotógrafos, atravesándonos entre ambos cuando estaba por tomar una fotografía. 
   Pero hoy no estaba de humor para jugar. Sentía mi vida desmoronarse a mi alrededor, me odiaba por haber disfrutado su toque, porque no podía negar que me había gustado.
   Una lagrima se escapó de mis ojos y bajo lentamente por mi mejilla, dejando un camino frio que agrego más odio por mí mismo. -Ahora estoy llorando. Solo eso me faltaba, Soy un Marica.- Susurre entre dientes, al mismo tiempo que una brisa veraniega, paso acariciando mi rostro y agitando mi cabello. Acompañada del rumor de hojas girando, hojas de un libro. Gire mi rostro buscando el sonido y lo vi: Un Libro abierto en el otro extremo de la banca. Sus hojas se agitaban por el viento, que las mecía con lentitud, me acerque y lo tome en mis manos, busque a alguien en las cercanías que pudiera ser su dueño, pero no había nadie. Baje la mirada y leí su título: “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry. Ya lo conocía, era un libro de lo más común, pero nunca lo había leído. Solo fragmentos publicados en otras partes, me habían dado la impresión de ser un libro soso y aburrido. Estaba encuadernado en una pasta verde pastel, con estrellas blancas en ella. En la portada una imagen de un niño caricaturesco, el principito al parecer.
Lo abrí, tenia dibujos un poco infantiles, que estaban coloreados con crayolas. Pero eso se lo habían hecho al libro, pues se notaba que los originales solo estaban hechos con líneas sin color. Como si un niño pequeño los hubiera pintado. Sus páginas tenían un leve tono amarillento, característico de los libros que eran un poco viejos. Alce la vista y mire alrededor, nadie me veía, de hecho no había nadie que pudiera verme. Entonces me lleve el libro a la nariz e inhale con lentitud, el suave aroma a antiguo, a papel, a polvo. Me resultaba delicioso y calmante, respire profundamente una vez más y sentí como todo mi estrés se desvanecía como por obra de magia. Relaje mis hombros y recosté la espalda en el respaldo de la banca. Abrí de nuevo el libro y comencé a leer. 
   La dedicatoria me resulto un tanto extraña pero, al llegar al capítulo uno ya sentía que este libro, al contrario de lo que yo pensaba, seria especial. 

   “Cuando tenía seis años, vi una ve una vez, cierta magnifica imagen en un libro acerca de la selva virgen…” 

   Pronto olvide donde estaba, quien era, que era lo que me había impulsado a ese preciso momento. Y me enamore. De ese pequeño príncipe de rubios cabellos y risa ligera, que hacia preguntas sin esperar nunca ser ignorado, que quería un carnero y hablaba con flores y animales…
Cada página leída me resultaba deliciosa, me sentí inmensamente identificado con él. Pero también me sentí tremendamente avergonzado de mí mismo, porque lentamente me estaba convirtiendo en una “Persona Mayor”. Esos seres incomprensibles, incapaces de observar un elefante dentro de una boa, que nunca podían ver la belleza de una puesta de sol, o admirar una rosa, saborear el agua de un poso o más importante, ser capaces de domesticar. 

   El tiempo siguió corriendo, ajeno yo a su paso, cuando levante los ojos de nuevo, unos ojos llenos de lágrimas, por el final de un libro maravilloso. Creadas con mi propia pena por crecer y vergüenza por hacerlo mal. Vi que el sol se había esfumado, negras nubes cubrían el cielo y amenazaban con rayos y truenos su furia. El viento se movía, ahora brusco y agitado. Una gota de agua callo a mi rostro y se fundió con mis lágrimas. Yo sonreí. ¿Cómo podría preocuparme ahora? Me había besado un chico. Si pero, ¿Qué importaba? Las palabras dichas por la Zorra al pequeño príncipe resonaron en mi cabeza “No se ve más que con el corazón. Lo esencial es invisible para los Ojos” Y después, unas palabras llegaron perdidas de mis recuerdos, palabras que habían estado sepultadas. Tanto tiempo que no recordaba de donde habían venido: “No importa a quien ames, si lo sientes, es correcto” Y del mismo modo que las fichas de un dominó, esas palabras desencadenaron la caída de muchas ideas que no eran mías. Ideas que habían sido obligadas a entrar en mi cabeza, a base de repeticiones y amenazas. Me deshice de pensamientos que eran escoria y los lastres que cubrían mi alma se desmoronaron. Entonces me sentí libre. Y del mismo modo que el joven príncipe, no pude evitar reír. Amaba un chico, Si. Podía decirlo sin temor y culpa. ¿A quién le importa? 

   Entonces comencé a caminar hacia la salida. Con un sueño en mi corazón, alegría en mi espíritu y un tesoro en mis brazos. Un libro que me salvo de ser una persona mayor. Un libro que me salvo de envejecer. Un libro que me salvo de ser quien no era Yo… 


***
 Abrazos con ronroneos
Alec "El Tigre" Vulturi.

2 comentarios:

  1. Es una historia muy linda, conmovedora, se siente muy fresca y natural. En verdad tienes un don literario, hay que seguirlo ejercitando, mi única observación es en cuanto a la ortografía; hay que pulirla un poco más.
    Me resultó muy agradable leerla. ¡Felicidades!

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    Respuestas
    1. Gracias! De verdad.
      Diste con mi talón de Aquiles. Esos monstruos ortográficos son mi perdición.
      Necesito alguien que me corrija los escritos... xD
      Seria maravilloso si me señalaras donde tengo los errores...

      Y me gustaría saber tu nombre... Los anónimos los siento como fantasmas...

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