martes, 22 de octubre de 2013

HP: La Bibliotecaria.

  Ya era la hora de cerrar.
   Por fin conseguí quedarme sola, con toda la calma que una biblioteca en silencio conlleva. Sin más espera, libere mi cabello de las horquillas que lo apresaban. Dejando descender por mi espalada mi larga melena pelirroja, seguidamente desabroche los tres botones que llevaban aprisionando mi cuello y escote todo el día, y me quite las gafas que sinceramente no necesitaba. Pero hacia que los muchachos me respetaran, ya que me conferían más edad, de los 21 que realmente tenía.                 
   La liberación fue inmediata. Dejando tirados a un lado los tacones de aguja, fui descalza  hasta la máquina de refrescos y saque uno bien frio y disfrute  la sensación de por fin estar liberada de mi rol de bibliotecaria.
   Dirigiéndome hacia el cajón de mi escritorio, saque  un libro  que una amiga me había recomendado y que aunque había empezado a leerlo, tuve que dejarlo para horas más apropiadas, ya que la simple caratula era poco, ¿cómo diría? no pasaba desapercibida. Yendo hacia el área de pufs. Por fin, senté mi precioso trasero en algo más acogedor, que la silla del escritorio de recepción. Allí en silencio con mi refresco y mi libro era la mujer más feliz del mundo.
   Cuando ya estaba dispuesta a comenzar a leer, las luces se apagaron. Un escalofrió recorrió mi cuerpo. Sinceramente me alegre de no estar leyendo una historia de fantasmas; porque aquello me hubiese dejado paralizada. Escuche unos pasos que se acercaban en la oscuridad, aunque me hubiese gustado chillar no lo conseguí. Al fondo vi una luz que se movía y se iba acercando, a gatas me dirigí hacia  allí.
   De espaldas a mí, había un hombre alto y de espalda ancha, delante de la máquina de refrescos. Una lata resonó en la callada habitación. Al agacharse a recogerla, pude apreciar el bonito culo que tenía aquel desconocido. Reprendiéndome a mí misma mentalmente, intente ir hacia la puerta de salida. -¿quien anda ahí? La voz varonil y ronca, con la cual pronuncio aquellas palabras hizo que me quedara inmóvil en el sitio y que me costara respirar. Aunque él no me veía yo si le veía a el: era un guarda de seguridad.
   Si mis jefes se enteraban que me quedaba allí, hasta altas horas de la madrugada y no por trabajo me despedían fijo. -¿quien anda ahí?,  no me haga que tenga que buscarle. ¿Qué podía hacer? Salir y decir, hola soy la bibliotecaria, o seguir escondida.  Y de todas maneras ¿dónde está James? él era el guarda de la noche, me dejaba que estuviera allí. Y a cambio yo, hacía que no me daba cuenta que babeaba por mí. Este guarda nuevo era 10 años más grande que yo y desprendía peligro por todas partes.
   Resignándome a perder el empleo salí. -Voy a salir. No me  haga daño, soy la bibliotecaria. - ¿cómo dice? -que soy la bibliotecaria…
   De repente se encendieron todas las luces de la biblioteca y empezó a sonar una música sexy
-pues está usted arrestada, por ser una chica mala. El nuevo guarda me cogió y me llevo hacia una silla cercana. Mientras se empezaba a quitar la ropa al compás de la música. Yo alucinaba ¿que tenía el refresco? La puerta de entrada se abrió y Eli, Cochi  y Luisa: mis mejores amigas. Estaban allí. -Feliz cumpleaños petarda  dijo Eli. -¿Feliz cumpleaños?-  Si querida. Hace un año ya, que empezamos a compartir nuestra pasión por la lectura; y en nuestro mundo imaginario todo es posible.

Fin




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